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lunes, 3 de mayo de 2010

Intervencionismo antigrasas y procarbohidratos


A mediados del siglo pasado se produjo un notable giro en el pensamiento clínico y nutricional que trastocó el devenir de la sociedad. La teoría de las enfermedades de la civilización, que configuró la hipótesis de los carbohidratos de Peter Cleave o Weston Price, empezó a ser marginada en los años 40 por una hipótesis distinta para explicar las enfermedades crónicas: la de las grasas y el colesterol.

En los años 60, la noción de que las grasas –especialmente saturadas– y el colesterol eran la causa central de los problemas cardiovasculares estaba fuertemente asentada en la opinión pública y en los 70 parecía ya indiscutible. Cómo se llegó hasta ahí, dilapidando y borrando décadas de ciencia, precisa entender el entorno ideológico que alentó la difusión de la nueva teoría antigrasas. Las raíces de tal movimiento pueden hallarse en la contracultura de los años 60, donde el tema del hambre en el Tercer Mundo se hizo constante. En 1968, el científico Paul Erlich predijo en su best-seller The Population Bomb la muerte por inanición de cientos de millones de personas en todo el mundo. Recogiendo el mito malthusiano, la superpoblación se convirtió en el gran temor. Y la cuestión del desequilibrio entre la producción alimentaria y el consumo desembocó en un movimiento contra los alimentos de origen animal y en defensa radical de la agricultura. Esta misma línea puede observarse en el nutricionista de Harvard Jean Mayers, quien aseguraba en 1974 que "el enorme apetito por los productos animales ha forzado la conversión de más y más cereales y soja en alimento para el ganado, reduciendo la cantidad dedicada al consumo directo [humano]". En 1971, el best-seller de Frances Moore Lappé Dieta para un pequeño Planeta insistía en la misma idea. En realidad el asunto se convirtió en una cuestión moral más que científica. En 1990, el sociólogo Warren Belasco esgrimía en su libro Appetite for Change un profundo discurso anticapitalista abogando por los cereales para el consumo humano y la casi eliminación de la ganadería. El subtítulo de aquel libro era revelador: Cómo la contracultura tomó la industria alimentaria. Al menos desde mediados de los años 50, la influyente Asociación Americana del Corazón empezó a renovar sus recomendaciones oficiales con cada vez más restricciones sobre el consumo de grasas.

Si tuviéramos que elegir una fecha de proclamación del triunfo político de la hipótesis de y contra el colesterol y las grasas, ese día fue sin duda el 14 de enero de 1977 con el anuncio por parte del senador demócrata George McGovern de los Objetivos dietéticos para los Estados Unidos. El impacto de la llamada del Gobierno norteamericano a restringir drásticamente el consumo de grasas tuvo unas dimensiones mundiales.

El demócrata George McGovern –que perdió en 1984 las presidenciales contra Ronald Reagan– fue el encargado de presidir el comité sobre nutrición del Senado que promulgó tales guías oficiales. El propio McGovern admitía que su experiencia en el centro Pritikin de California, donde se promovía una dieta extremadamente baja en grasa, había influido en su pensamiento nutricional. Pero lo cierto es que McGovern no sólo no era científico, sino que ni siquiera él ni su equipo sabían que existía una controversia científica –la de la hipótesis de las grasas versus la de los carbohidratos.

A pesar de la fanfarria con que el Gobierno norteamericano se alineó con el movimiento antigrasas, aquel comité del Senado tuvo que escuchar declaraciones para muchos incómodas. Robert Levy, director del Instituto Nacional del Corazón, Pulmones y Sangre, afirmó que tras invertir miles de millones en conocer si reducir el colesterol prevenía los ataques cardíacos, ni él ni nadie podía asegurarlo con certeza. El cardiólogo John McMichael testificó que urgir a la población a recortar el consumo de grasas era precipitado, cuando no irresponsable. En la versión revisada un año después de aquellas guías oficiales, el prefacio exponía algunas cuestiones que aún estaban dilucidándose, una de ellas si reducir el colesterol retrasaba la enfermedad cardiovascular. Pero responder científicamente a aquella pregunta ya a nadie parecía importarle, sin más se asumió que sí.

Reflejo de la lamentable confianza ciega en el Gobierno y la clase política era que se consideraba a un científico corrupto si recibía fondos de la industria alimentaria, pero honesto si los fondos eran del Gobierno. En este sentido, el nutricionista de la Universidad de Washington Robert Olson sufrió en carnes propias una doble hipocresía. Cuando fue un aliado del USDA (Departamento de Agricultura) y de la hipótesis contra las grasas, a nadie parecía importarle la suma millonaria de fondos que le proveía la industria alimentaria. Era honesto. Pero cuando años más tarde cambió su postura admitiendo que las dietas muy bajas en grasa no tienen gran respaldo científico, entonces a todo el mundo le importaron aquellas relaciones financieras. Ahora, por no defender el mantra grasofóbico, se convertía en corrupto.

8 comentarios:

Ignacio dijo...

Me quedo alucinado con la sanidad pública de, por lo que sospecho, todos los países. No sólo se arrogan los servicios impúdicos de sanidad -sí o sí lo quiere el ciudadano convertido en contribuyente forzoso-, sino que además yerran y confunden a la población con sus recomendaciones y prescripciones como si les diera igual jugar con las cosas de comer y de la salud, sin reparar siquiera en los estudios y opiniones en contrario de científicos prestigiosos. Como venías a decir en el artículo anterior "Intervencionismo y el recorte de libertades" del pasado 30 de abril: estatismo, regulacionismo y esclavismo.

Luis dijo...

Estas posturas impuestas desde el estamento político se ven claramente reflejadas en las recomendaciones de nuestro sistema sanitario.

Personalmente, y como ejemplo veraz, puedo comentar mi experiencia. Inicialmente mi dieta digamos que era libre, pero con especial cuidado de no incluir demasiada grasa, y con toda seguridad, bastante cargada de carbohidratos, la mayoría de alto índice glucémico. Tenía problemas alérgicos fuertes y un cierto sobrepeso.

Posteriormente, leyendo sobre dietas anti-inflamatorias tipo zona, cambié mis hábitos alimenticios, incluyendo incluso mucha más grasa de la recomendada y eliminando la ingesta de carbohidratos, principalmente de cereales. Los resultados son, una reducción considerable de peso, una mejoría general del estado anímico, una reducción extrema de los síntomas alérgicos.

Está claro, las grasas no son precisamente un problema para nuestra salud, y si lo son el exceso de carbohidratos convertidos en grasa circulante a través de la insulina.

Elena dijo...

Yo hace años que dejé de tomar ede forma habitual carbohidratos en forma de arroz, patatas, pasta, cereales de desayuno... Y es increíble cómo se nota. Tanto física como mentalmente. Ah, el azúcar lo mismo, solo de vez en cuando.
Lo recomiendo.
Elena.

Anónimo dijo...

No tiene que ver con el artículo de hoy, pero quería preguntarle a David, si la coencima Q10 de Life Extension, puedo ponérmela alguna vez como sérum.
Y otra cosilla: ¿Qué suplementos recomendarías a una amiga con migrañas?

Muchas gracias, guapo.
Cada día escribes mejor.

Anónimo dijo...

precisamente eeuu es un país donde el estado es poco intervencionista en la defensa de la gente de a pie, léase sanidad privada, allí quienes gobiernan son las grandes multinacionales.

No se puede comparar con europa donde claro que las multinacionales nos gobiernan (es lo que tiene el capitalismo) pero aquí las necesidades básicas de la población están cubiertas.
La intervención del estado para proteger a la población es necesaria, en europa es una pena porque cada vez se está tendiendo más al modelo americano, para intentar beneficiar como siempre al dinero=empresas, no al estado. Estamos mezclando conceptos.

El estado debe ser la representación del pueblo no lo olvidemos, y si no lo es, en parte es culpa nuestra, primero porque mucha gente ve como algo ajeno la política cuando es esencial para gobernar nuestras vidas. Si la gente se implicara más en los problemas de la sociedad, fuera a votar cuando tiene que ir a votar, se pidieran explicaciones a los gobiernos o partidos corruptos en vez de pensar que es normal lo que hacen (tal vez porque piensan que ellos tb lo harían si pudieran) pues hasta que todo esto no cambie es muy fácil quejarse del gobierno, no olvidemos que la democracia lógicamente no es perfecta pero de alguna manera se tiene que organizar la sociedad y más vale una democracia participativa (pero PARTICIPATIVA DE VERDAD)que una dictadura no?
Todo lo demás es quejarse por quejarse, si de verdad hay un problema, todo está tan mal por qué no salimos a manifestarnos?por qué no exigimos una transparencia de cuentas, por qué no intentamos entre todos mejorar la sociedad e implicarnos en los problemas que le atañen? es muy fácil echar siempre la culpa al gobierno cuando ni siquiera nos esforzamos individualmente por ayudar a mejorar los problemas del mundo en su globalidad, no sólo lo que nos afecte de una manera directa en un breve espacio de tiempo. Otra cosa, en este país hay una tradición muy extendida de quejarse del gobierno, de la administración etc, pero cuando se habla de grandes empresarios y sus beneficios estratosféricos, fraude fiscal de dichos empresarios,etc que hacen que los números que maneja la administración parezcan irrisorios, de eso... la gente no se queja...por qué será...es más, en muchos países como por ejemplo italia se los ensalza y duran años y años Y AÑOS en el gobierno, gente corrupta, grandes empresarios ligados al gran capital y a mafias eso sí que es una verguenza

Adolfo David dijo...

Lo más empleado en medicina alternativa contra las migrañas probablemente sea la vitamina B2 o riboflavina en dosis altas, sobre 300-500 mg diarios aprox.

Que un sector sea privado no quiere decir que sea de libre mercado. El intervencionismo no tiene que ver sólo con lo público, ya que puede intervenirse de mil modos un mercado privado. EEUU no tiene un sistema sanitario de libre mercado, sino intervencionista. Y además existen enormes programas estatales de sanidad como Medicare y Medicaid.

Unamas dijo...

Hoy le he pedido a mi médico de cabecera que me recetara algún producto con peróxido de benzoilo o con adapaleno. Me ha dicho que ya no se dispoensan con receta y me ha recomendado uno que lleva los dos compuestos y que se llama TACTUOBEN.

Sería para echar encima de la loción de Paula's Choice de 2% BHA y sobre el grano.

Voy notando la mejoría con los productos de Paula, con el tónico y el exfoliante pero me siguen saliendo granos y es el cuento de nunca acabar. Como he visto que se puede simultanear con benzoilo o adapaleno quería ver si reforzando acabo antes con ellos.

¿Conocéis este producto o me recomendáis algún otro?

Mario dijo...

Luís: Problemas de alergia es verdad que tenías, pero gordo tú nunca has estado, que te conozco desde que éramos niños.